RÍEN CON AMLO, PERO LE SIGUEN DUDANDO

EL AURA DE LOS SALINAS DE GORTARI

Alhajero

Martha Anaya

AMLO llegó cauto, inquieto a la American Chamber. El escepticismo de los inversionistas extranjeros era patente.

Quienes han participado en los encuentros de Andrés Manuel López Obrador con distintos grupos empresariales dicen que ayer, frente a los socios de la American Chamber, lo notaron “más cómodo”. Pero lo cierto es que ese no es el ambiente natural del tabasqueño.

Tan no lo es que, aunque arrancó risas –se las debemos en buena medida a la magnífica moderación de Adriana Pérez Cañedo-, e incluso una gran risotada de la concurrencia cuando confesó que ni siquiera conocía personalmente a Napoleón Gómez Urrutia, al final de cuentas los más de mil quinientos empresarios de Estados Unidos en México le regatearon el aplauso al de Morena:

Uno al final de su participación, breve y poco sonoro. Apenas por cumplir con el protocolo.

En cambio Ricardo Anaya fue obsequiado con palmas hasta en ¡tres ocasiones!: La primera, por su plan de seguridad; la segunda en relación al uso de la tecnología; y la última, al cierre de su exposición, un fuerte y largo aplauso de reconocimiento.

(A José Antonio Meade lo escucharon sin mayores muestras de emoción y al final le regalaron un aplauso nutrido –un poco mayor al que le dieron a Margarita Zavala- pero hasta ahí).

En realidad, como nos platicaba Larry Rubin, representante del partido Republicano en México, el interés de los empresarios extranjeros estaba puesto ayer en lo que AMLO iba a decir, pues su postura “rompe” con los otros discursos.

Querían verlo y escucharlo directamente todos ellos. No quedó un solo espacio vacío. Y ahí se apersonaron, en el Club de Industriales, pues la mayoría no ha cruzado palabra con él.

Según el CEO de la Cámara Americana de Comercio, el tabasqueño “estuvo más cómodo que en otros foros similares” y “le fue mejor esta vez” que hace 12 años. En aquella ocasión (en el Hotel Nikko), compara, Andrés Manuel “fue a hablarle a la televisión, en cambio ahora se dirigió a nosotros y fue respetuoso con los empresarios de inversión extranjera…”

Incluso, alegó que hay muchos empresarios –cerca de la mitad- que “están más abiertos” a escuchar a López Obrador y que consideran que este país requiere un cambio.

En fin, el hecho es que el candidato presidencial de Morena se notó cauto al inicio de su presentación y luego, gracias a las intervenciones de la moderadora, se fue soltando. Hubo un momento, por ejemplo, en que AMLO hablaba del famoso avión presidencial al que no se va a su subir y que va a vender, y le interrumpe Adriana:

-¿Vas a tomar un avión comercial para ir a la reunión de ONU? Si se retrasa tres horas, como ocurre, no vas a llegar…

-¡Pues no llego!-, respondió Andrés Manuel tan campante. Las risas de los hombres del dinero no se hicieron esperar.

El otro toma y daca –fueron intervenciones rápidas y cortas entre uno y otro que aquí estamos resumiendo por espacio-tuvo que ver con el líder minero, Napito:

-No quiero hablar de los adversarios de Napoleón, que tampoco son blancas palomas. Esto no es de buenos y malos, no hay que ser maniqueos… Es más, ¡no lo conozco! ¡Nunca lo he visto!

Las carcajadas no se hicieron esperar. La repregunta de la periodista no tardó: ¿Entonces por qué lo tienes?

-Porque fue víctima-, sostendría el candidato.

La parte final y más larga tendría que ver con el tema de la corrupción y el aeropuerto. Argumentos que lucían sólidos de por qué había que hacerlo en Santa Lucía, provocaron un profundo silencio. No reprobatorio. Sólo silencio.

Fue bajo ese ambiente –extraño y silencioso- que concluyeron los 50 minutos de su participación.

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