Poderosas Primeras Damas

Damas

Poderosas Primeras Damas

Dos jóvenes y bellas esposa de mandatarios, la reina Leticia, cónyuge del rey Felipe VI de España, y Angélica Rivera, del presidente de México Enrique Peña Nieto, reafirmaron su amistad durante la primera visita de Estado de Su Majestad a nuestro país. Son muy cercanas en edad y poseen similares inquietudes sociales.

Ambas parejas aparecen con frecuencia en la revista hispana Hola, publicación predilecta de la nobleza y los millonetas, que acaba de incluir un reportaje a todo color de 14 páginas y portada de la recepción de bachiller de la entenada de Peña Nieto, Sofía Castro, hija mayor de Angélica y José Alberto Castro (hermano de Verónica), quien saludó al Presidente.

(El mismo número de Hola incluye una foto de Felipe y Leticia en el debut de la Duquesa de Suárez ante la Realeza, y una nota de 3 planas para festejar también la graduación de dos nietos del magnate Carlos Slim como bachilleres: Diego Slim y Arturo Elias Slim).

No aludiré a Doña Margarita Masa de Juárez, a Doña Carmelita Romero Rubio de Díaz ni a Doña Sara Pérez de Madero, pues eso compete a la historia.

Valga sólo referir que cuando Carmelita se repatrió, tras dejar los restos de D. Porfirio en el panteón parisino de Montparnasse, fue a vivir a la Colonia Roma y por las mañanas coincidía en la misa de la parroquia del Rosario (sobre la Av. Cuauhtémoc y San Luis Potosí) con Sarita; a la salida se saludaban muy atentamente y departían, al margen de lo ocurrido en el pasado.

En el gobierno de Lázaro Cárdenas coincidieron en Los Pinos su esposa, doña Amalia Solórzano y su “ex” Daniela Covarrubias (de la que el mandatario se había divorciado) al cumplir 15 años Alicia Cárdenas, hija del general y de doña Daniela.

Tanto se encariñó de Alicia doña Amalia, que la llevó a vivir a Los Pinos y al llegar a sus 15 abriles le dijo al Presidente que invitaría a la mamá de su entenada a la fiesta; el divisionario accedió, pero se opuso cuando doña Amalia le anunció que también pasaría la noche en Los Pinos. Mas “se dejó convencer”, y al otro día pretextó actividades mañaneras para no compartir el desayuno con su “ex”.

Cuauhtémoc, niño entonces, con el tiempo quiso mucho a su hermana, que casó con el actor Abel Salazar y tuvieron dos hijas, a quienes aquél tuvo de edecanes en su antesala de jefe del gobierno del DF (1997-99).

Cabe recordar que cuando el “Tata” asumió el cargo (1934), los presidentes vivían en el Palacio de Chapultepec, que él estimó inadecuado para un demócrata por ser vestigio imperial. Compró el rancho La Hormiga, construyó allí la residencia de Los Pinos y le puso el nombre de la quinta que D. Cándido Solórzano, su suegro, tenía en las afueras de Tacámbaro, Michoacán, cuando siendo gobernador del estado, el Joven general (lo fue a los 25 años) pidió la mano de doña Amalia.

Como se ve las cónyuges presidenciales han tenido gran influencia en sus esposos y aun, les han ayudado a veces en algunos menesteres del poder.

Cuando se acercaba la sucesión de Ruiz Cortines (1956-62) doña María Izaguirre invitó a Los Pinos a doña Asunción Izquierdo, esposa de Gilberto Flores Muñoz, secretario de Agricultura que andaba muy caliente para ser el próximo presidente. La paseó por la residencia y le insinuó pensara qué modificaciones podría hacerle. Una maniobra del Viejo Zorro, que finalmente se inclinó por López Mateos, como es sabido.

En idéntica circunstancia del gobierno de Echeverría (1970-76), Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación parecía el casi seguro sucesor. Muchos gobernadores y políticos lo apoyaban, pero el Presidente se inclinó finalmente por su amigo de juventud José López Portillo, más bien ajeno a la política y a quien desde el inicio del sexenio le hizo rápidamente un currículum: lo nombró subsecretario del Patrimonio Nacional, director de la Comisión Federal de Electricidad y secretario de Hacienda.

Al mediodía del 20 de septiembre de 1975, una columna de obreros empezó a avanzar de la sede de la CTM (en Vallarta 11, colonia Tabacalera), tomó la Avenida Juárez, enfiló al Zócalo y se ubicó ante la puerta mariana del Palacio Nacional (contra-esquina de la Catedral).

El líder Fidel Velázquez se desprendió con un grupo y subieron a las oficinas del secretario de Hacienda López Portillo a manifestarle su apoyo para candidato presidencial del PRI, en lo que constituyó eldestape oficial del sucesor de Luis Echeverría.
Mientras tanto, éste encabezaba una comida en la Casa del Obrero Mundial (Colonia Guerrero) y al correr la noticia como reguero de pólvora, Moya Palencia se salió, tomó su auto, se dirigió al Zócalo, dio varias vueltas en torno a la explanada, finalmente se estacionó y subió a Hacienda a felicitar a quien le había ganado la carrera sucesoria.

López Portillo lo recibió de inmediato, le agradeció con un abrazo el gesto, al tiempo que le dijo: “Mario, tú siempre tan inteligente”; así le dio a entender que comprendía el esfuerzo que hacía al reconocerlo quien fue considerado el casi seguro sucesor de Echeverría (LEA).

¿Habrá Moya llegado a estar en el ánimo de LEA para sucederlo? ¿Qué se interpuso a ello? Hay varias conjeturas.

Una de ellas fue la relación ríspida que la señora Marcela Ibáñez de Moya Palencia tuvo con doña María Esther Zuno de Echeverría, que se patentizó cuando, al salir de un desayuno con las esposas de los miembros del gabinete, Doña María Esther les pidió que depositaran en una bandeja las joyas que llevaban para destinar el dinero de su venta al DIF, en favor de la niñez.

Marcela se opuso terminantemente y trascendió que forcejeó con la Primera Dama.

“La mujer del Presidente no vota, pero si veta”, decía un político añoso y experimentado, y eso viene aquí como anillo al dedo.
Eso pudo influir, pues ¿cómo iba LEA a exponer a su esposa a estar en la mira de la nueva Primera Dama? El hecho es que poco después de su fallida intentona presidencial, Moya se divorció se ella, y conservó su relación con el ex presidente Echeverría.

Hoy de los dos precandidatos presidenciales priistas, punteros, Videgaray y Osorio Chong, éste tiene un as en la manga: su esposa, doña Laura Vargas colabora estrechamente con Angélica Rivera de Peña Nieto, presidenta nacional del Consejo Consultivo del DIF, como directora general del mismo, y lógicamente ha acrisolado su relación con la Primera Dama por el empeño con que cumple su encomienda.

Los hechos dirán si eso opera en favor de su marido, quien ya enfrentó a su jefe Peña Nieto con todo el país y el empresariado por no saber resolver la subversión de la CNTE, las guerrillas y el Peje.

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Entresemana.mx

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