Las élites, dispuestas a aplastar a Trump

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Las élites, dispuestas a aplastar a Trump 

Donald Trump, con su clásico estilo incisivo e impulsivo, cayó en la trampa que le tendieron los demócratas en su Convención.

El plan fue muy bien urdido y conociendo a Trump, se lo prepararon a su medida.

Apelaron a las emociones de los estadounidenses, como ahora se estila en la mercadotecnia aplicada a cualquier producto, y luego los medios de comunicación, con enorme dominio de las fuerzas conservadoras, se encargaron de darle el vuelo requerido.

Se trataba de ofrecer una imagen de Trump acorde a la que le vienen fabricando: de un recién llegado al mundo de la política que cada día, con sus intervenciones, se gana el eslogan que repitió en su programa “El Aprendiz” a muchos aspirantes a emularlo: “¡Estás despedido!”

En la Convención Demócrata hizo acto de presencia el matrimonio paquistaní-estadounidense Khizr y Ghazala Khan para contar la historia de su hijo Humuyun -del Ejército estadounidense-, caído en Irak hace 12 años.

Y Khizr con gran dureza denunció la propuesta de Trump de prohibir temporalmente la entrada al país a los musulmanes, por desconocer los aportes al país que hacen las familias inmigrantes como la suya.

Hasta ahí su exposición cabía dentro de una lógica de salir en defensa de los musulmanes con un emotivo discurso. Pero luego arremetió fuertemente en contra del candidato republicano, con lo que se sumó a la campaña en su contra al decir que él no había hecho ningún sacrificio serio para el país en comparación con su hijo muerto.

Con ello dio lugar a la analogía entre un héroe de guerra muerto –su hijo- y un magnate que rehuyó ir a la guerra por un problema de talones.

Y Trump mordió el anzuelo, que algunos no dudan que detrás de esa celada estaban los neoconservadores, y se enfrascó en una fuerte polémica con el matrimonio Khan.

Eso, de inmediato, se reflejó en las encuestas y que prominentes republicanos, favorables a los neoconservadores, arremetieran contra él reviviendo su propósito de eliminarlo de la contienda.

El discurso de Donald Trump es tremendamente inusual para un candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, lo cual lo hace entrar en conflicto con los más poderosos grupos empresariales y con todo el andamiaje de la actual estructura de poder que quiere conservar sus privilegios a costa del empobrecimiento de las masas estadounidenses, como ha venido ocurriendo.

Los neoconservadores le reprochan a Trump, tras bambalinas, que como futuro gobernante tenga pensamientos tales como que los cambios en la economía han traicionado a los trabajadores y acabado con la clase media.

También por asegurar que en el centro de la “economía amañada” están las élites de las poderosas corporaciones, medios de comunicación y las dinastías políticas, que son quienes respaldan a su oponente Hillary Clinton.

Y más todavía, que con él no habrá más guerras y que Estados Unidos interviene demasiado en el mundo, todo ello contrario a las políticas que han impulsado los neoconservadores desde que George W. Bush llegó al poder y en el propio gobierno de Barack Obama.

Sobre las guerras dejó más clara su postura todavía cuando dijo en un programa de televisión que el hijo de los Kahn no estaría muerto si en 2004, cuando murió, él hubiera sido el Presidente.

No es poco lo que ha dicho Trump y que refleja su pensamiento: “Quiero que se imaginen cuánto mejor puede ser nuestro futuro si declaramos la independencia de las élites que nos han llevado al desastre financiero y de la política exterior”.

Lo detestan también por asegurar que “la Cámara de Comercio de Estados Unidos está totalmente controlada por los grupos de intereses corporativos, por lo cual propone la retirada de Estados Unidos del TLC y el TPP”.

Considera que la Cámara de Comercio debe luchar a favor de los trabajadores regresando los puestos de trabajo a Estados Unidos, y es cuando dice que “China y otros países se están aprovechando de Estados Unidos con nuestros pactos comerciales”, porque Trump lo ve desde la perspectiva de los trabajadores de su país y no de los beneficios que con ello reciben las empresas por los bajos costos salariales.

La llamada de atención que puso los pelos de punta de los neoconservadores, que quieren repetir un gobierno blando para sus políticas, la proporcionó Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, quien se sumó a Trump y se convirtió en fuerte crítico del TPP.

“Lo que he oído de él (Trump) es que tenemos que tener buenos acuerdos comerciales que sean buenos para Estados Unidos”, en la misma línea de Trump de que debe favorecer a los trabajadores estadounidenses

El hecho de que una voz tan autorizada dijera eso, puso en alerta a las élites estadounidenses, de las cuales el 1 por ciento más rico acumula el 95 por ciento del crecimiento total posterior a la crisis desde 2009, mientras que el 90 por ciento más pobre de la población empobreció aún más, según el último informe del Comité Oxford, titulado “Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica”.

De la retórica de Donald Trump, escasamente difundida por los medios de comunicación, se desprende que quiere devolverle el “sueño americano” a los estadounidenses, y que los neoconservadores no se detendrán hasta cerciorarse de que él no llegue a la Casa Blanca.

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