La descarada sumisión

Insensibilidad

La descarada sumisión

La vigilancia de la sociedad mexicana a los actos de gobierno, que se ha fortalecido mucho en los últimos meses afortunadamente, a veces no es integral y debiera serlo.

Explico: Es innegable que quienes estamos pendientes de exigir a nuestros representantes que hagan lo que conforme a derecho y a moral corresponde, generalmente nos centramos más en las tareas del poder ejecutivo, descuidando la opacidad y la falta de resultados con que se conducen los poderes  judicial y legislativo. A éste último me referiré hoy, estimado lector.

Y es que, investigaciones del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), a través de un ejercicio que denominó “Informe Legislativo 2016”, en donde realizaron 600 solicitudes de información para poder construir una base de datos en relación al desempeño de los congresos locales; reveló: que hay una gran opacidad en dichos entes y, que, además, sus resultados son muy pobres.

De dicho ejercicio, uno de los datos que leí de Ramiro Suárez (Investigador IMCO), y que más llamó mi atención –y por eso le comparto-, es que en 22 congresos locales se aprobó el 80% de las iniciativas presentadas por su gobernador, mientras que en 8 estados se aprobó el 100% de las mismas.

Comulgo con Suárez: No sería cuestionable lo anterior si dichas aprobaciones pasaran por un verdadero análisis y estudio, sin embargo, la mayoría son aprobadas en tiempo record, lo que hace parecer al poder legislativo una simple oficina de trámite.

Debemos exigir. Los congresos locales no trabajan para el poder ejecutivo, son un poder distinto, un contrapeso, y como tal debieran fungir –sin que ello implique decir no a toda propuesta del ejecutivo, claro-, pues: ¿Dónde queda la división de poderes que enmarca categóricamente la constitución? ¿Por qué históricamente el diputado saluda al gobernador como si fuera su jefe? ¿Por qué se subordina –cual relación obrero patronal- el legislativo al ejecutivo, cuando no hay dependencia legal ni económica? Teóricamente el gobernador debiera saludar con mucho respeto al diputado, pues es éste quien revisará sus propuestas de ley y su cuenta pública. No me voy al otro extremo, no estoy hablando de que haya enemistad entre poderes, al contrario: debe haber una relación institucional, de diálogo y respeto entre líderes de uno y otro, y hasta de camaradería, por qué no, pero, por favor: ya no más supeditación. No es sano.

Entonces, nuestra vigilancia debe ser integral, debemos estar al pendiente también del papel de los congresistas, pues estos deben tomar el rol de representantes de la sociedad –como constitucionalmente lo son-, y dejar atrás la descarada sumisión que hoy a casi a todos  caracteriza.

Creo que ahí está el comienzo en los congresos locales, en consecuencia disminuirá la opacidad y los pobres resultados. Mientras, no.

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