POR QUÉ SE DESFONDÓ EL PRD

Peña

El hundimiento del PRD tiene más que ver con las ambiciones de sus dirigentes, que con la firma del Pacto por México.

¿Qué llevó realmente al Partido de la Revolución Democrática al punto de su quasi extinción?

¿Fue –como dijo Juan Zepeda en entrevista con El Heraldo este fin de semana- el respaldo que dieron al Pacto por México una de las principales razones que provocaron su desfonde?

Valgan las preguntas y el planteamiento porque es increíble que algunos perredistas aún no tengan un diagnóstico real, verídico, sin trampas y sin simulaciones de lo que pasó con el partido, con su historia, con sus fundadores, y el porqué del abandono que padecen desde hace tiempo.

Porque eso de poner por delante el apoyo al Pacto por México como “una de las principales causales” de las situación por la que atraviesan, parece más bien una cortina humo; una mirada de soslayo a razones tan o más de fondo –y todavía más antiguas- que la esgrimida por el ex candidato perredista a la gubernatura del Estado de México.

Habrá que recordarles una y otra vez a sus prohombres –los Chuchos, los Bautista, los Serrano y todos aquellos líderes de corrientes y acompañantes- que fueron sus propias ambiciones y, en no pocas ocasiones, su falta de ética, lo que fue mermándolos.

Se quejaron de los caudillos –primero de Cuauhtémoc Cárdenas, luego de  Andrés Manuel López Obrador-, pero los utilizaron mientras creyeron que les servían a sus intereses, y para sumar posiciones que les permiteran aumentar el poder en los gobiernos y de sus propias corrientes.

Todavía en 2012, cuando a regañadientes admitieron que el tabasqueño abanderara al PRD en la elección presidencial, le regatearon posiciones no sólo de su gente en el Congreso, sino en cuanta candidatura hubo con posibilidades de triunfo.

Dejaron que Andrés Manuel hiciera campaña prácticamente solo.

Fue entonces que AMLO decidió finalmente tomar otro camino. Fundar un nuevo partido.

Y todo esto, nada tiene que ver con el Pacto por México estrictamente hablando. Porque fue hasta después de que se conocieron los resultados de la elección del 2012, en la que triunfó el priista  Enrique Peña Nieto, que surgió la idea del famoso Pacto.

Pacto, eso sí, que promovieron y abrazaron entusiasmados los dirigentes perredistas, incitados por lo que ha sido su distintivo en múltiples ocasiones: el gusto por el poder; o, al menos, la cercanía con el poder y los poderosos.

Luego –al ver que en las elecciones intermedias no les fue bien- renegaron del Pacto.

Para entonces, en el horizonte ya asomaba Andrés Manuel con su nuevo partido: Morena. Quisieron entonces acercarse de nuevo, beber de las mieles del poder que avizoraban.

AMLO lo desdeñó.

Los perredistas gritaron y le reclamaron su falta de visión y patriotismo en nombre de la unidad de la izquierda. López Obrador, que bien los conoce, no cedió. Los dejó hundirse.

Las razones, pues, que han llevado al PRD a desfondarse y que, a decir de Zepeda, “aún no tocan fondo”, van mucho más allá del Pacto por México. Más bien tienen su origen en las ambiciones que llevaron a la firma de éste.

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